Complice silencioso

Sin lugar a dudas con quien tenemos bastante relaciòn, incluyendo en  nuestro estado onìrico, es con las paredes de nuestra habitaciòn, y si ellas pudieran hablar, ¡santo Dios!, què no dirìan de lo que “ven” y “escuchan” en ese tercio de vida que pasamos entre ellas.

Independientemente del gènero, hombre o mujer da igual, cuantos  chismes, coloquios, relevantes o no, se producirìan con las paredes de nuestra habitaciòn  si esta tuviera vida y cuantas  de sus quejas que tambièn lo escucharìamos.

Desde  el color de la pintura que elegiste sin su consentimiento,traerìa protestas, de modo que la pròxima vez, no te quedarìa otra cosa que dejar en libertad la elecciòn de pintura que quicieran vestir.

Dentro de estas protestas te reclamarìan que dejes entrar màs sol y abras de par en par los ventanales para que entren aire limpio y fresco ya que ellas tambien necesitan renovaciòn ambiental. Las crìticas arrasarìan tambièn si eres adict@ a colgar cosas en su superficie.

Y en el terreno sentimental, acompañarìan a tus sentimientos de alegrìa y/o de sufrimiento por la chica o chico del retrato que tienes en tu còmoda y que miras con tanta ternura antes de cerrar los ojos para dormir, y tal vez dirìan si vale o no la pena…

Y en el lado duro y ruborizante de los sentimientos, como son las expresiones amatorias, no creo que por ser libidinoso se morderìan la lengua, sino al contrario desparramarìan a los cuatro vientos el còmo fue tu comportamiento, tu accionar, si estuviste o no  a la altura de las circunstancias, y  no me atrevo a conjeturar ni a describir lo que dirìan porque a esta pàgina pueden entrar menores de edad.

Ahora que ya asimilaste lo que las paredes pudieran decir, esta noche salùdalo y si quieres discùlpate por no haberlos tomado en cuenta.