Veraneando en Groenlandia

Desde antiguo se sabe que muchas cosas funcionan porque tienen una secuenciaciòn para ese funcionamiento y ese algoritmo se llama còdigo. Asì el mundo de la informàtica utiliza como instrucciòn còdigos, uno de ellos  el numèrico que utiliza dos  ùnicas cifras, el cero y el uno. Los seres vivos su formaciòn y funcionamiento se reducen a la secuenciaciòn de cuatro letras ( y a veces cinco ) en diversas combinaciones : A-T, G-C, esa ha sido el ùltimo gran descubrimiento: el genoma humano y su decodificaciòn.

El mundo de las letras tambièn tiene su còdigo que es  el còdigo lingûistico que utilizamos tanto oral como escrito para comunicarnos. Entonces no es descabellado pensar que todas las cosas pueden estar funcionado porque tienen sus respectivos còdigos, que se conozcan o no, eso es ya otro tema.

Decodificar una secuenciaciòn cualquiera demanda esfuerzo y “muchos dolores de cabeza” y cuando la situaciòn es muy pero muy difìcil podrìa uno rozar en tèrminos coloquiales con los lìmites de la sin razòn.

Buscar la secuenciaciòn de un absurdo es uno de estos casos en las que uno lleva las de perder desde el mismo instante que se propone a descubrir el porque de su presentación y me apresuro a dramatizar lo penoso y  riesgoso de sumergirse en sus aguas difìciles de dominar:

No decodifiques un absurdo ,

porque te sumergiràs en una negrura

que no tiene incio ni final.

Solo te puedo decir que el lugar

puede ser la idea o el pensamiento de la locura,

¿locura?

¡sì, locura, porque ahì no hay nadie,

ahì el silencio es demoledor,

puedes hablar solo, gritar en silencio y nadie te escucha.

¿preguntaràs?: ¡estàn ahì!, …nada

ni tu sombra que se confunde

con la sombra del absurdo,

solo tu y tus  pensamientos .

Solo no podràs con el absurdo,

clamaràs por una mano que te ayude

a salir del pozo a donde

nunca debiste sumergirte.